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Frases importantes sobre este tema(*):
“El problema del hombre no está en la bomba atómica sino en su corazón”, Albert Einstein.
“Una persona inteligente resuelve un problema. Una persona sabia lo evita”, Albert Einstein.
“Japón aprendió de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que la tragedia forjada era un mal absoluto para la humanidad”, Daisaku Ikeda;
“Me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”, Robert Oppenheimer;
“Los pueblos de este mundo deben unirse, de lo contrario, perecerán”, Robert Oppenheimer.

La vida versus la guerra nuclear

Capitán de Navío (R) Néstor A. Domínguez

La Organización de las Naciones Unidas ha tomado una decisión muy importante(1). Esta ha consistido en crear un Panel Científico en su seno para que se ocupe de la “guerra nuclear”. Esto ha ocurrido luego de que se estudiaran los efectos que una guerra de este tipo puede producir, en cuanto a los efectos adicionales en el cambio climático global.
Se busca que dicho Panel permita adquirir gran cantidad de información científica especializada en física nuclear como para tener en claro los efectos terminales para que los nueve países que ya poseen armas nucleares no sigan negando la firma al Tratado Para la Prohibición de las Armas Nucleares, como lo vienen haciendo.
Esos nueve países son: China, Rusia, Estados Unidos de Norteamérica, Francia, Reino Unido de Gran Bretaña, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Ellos no han firmado el Pacto de Prohibición de Armas Nucleares y los cinco primeros de la lista, simultáneamente, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)(2).
Esto consiste en una vulneración macroética evidente: o firman el antedicho Tratado o renuncian al Consejo de Seguridad de la ONU; no tienen otra opción de ética internacional (política) y macroética trasnacional (filosófica) para preservar la paz, según lo afirmado por la Carta de la ONU con ese fin.
En su posible reemplazo deben ser nombrados países, probadamente pacifistas, que garanticen la seguridad nuclear para la pléyade de los no nucleares que pueblan el mundo y que hayan firmado el pacto antes citado.
Con todo esto, la ONU ha demostrado su inconsistencia para controlar un conjunto de macroéticas, a precisar en el transcurso del siglo XXI(3), que trataré de definir en otro futuro artículo que tengo en elaboración. Mi imagen del mundo no puede seguir dañada de esta manera si queremos seguir siendo una especie viva dentro de un mundo natural, que venimos trastocando con ideas políticas generadas hace miles de años por la Academia de Platón(4).
Equivocadamente, la ONU piensa lograr lo que se propone al comienzo a través de tres grupos de especialistas en física nuclear que estudien los tres siguientes aspectos de las explosiones nucleares(5):
“Se evaluará la radiación inmediata, el choque y el calor de la explosión que se producen en segundos o minutos, desde la zona cero a una distancia de 1 kilómetro a 10 km”;
“Se evaluará la relatividad retardada de los restos del dispositivo y el suelo, y el humo de los incendios, que se transporta en una escala de tiempo de días a años a lo largo de 100 a miles de kilómetros”;
“Se evaluará el atrapamiento de electrones de alta energía de una explosión nuclear a gran altitud, que dura semanas y se produce a nivel mundial”.
Estos tres aspectos, una vez analizados, aportarán un gran caudal de información científica especializada sobre la base a que llegue a producirse una guerra nuclear, usando las ojivas nucleares que atesoran las nueve potencias que retienen sus armas atómicas, listas para su uso, en sus arsenales. Todo esto se obtendrá de manos de físicos nucleares muy inteligentes, y nos informará sobre las consecuencias de que tal guerra es el desiderátum de todas las guerras. Este es el fruto de la Estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada (DMA), propia de la Guerra Fría entre los EE. UU. de Norteamérica y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) cuando, en realidad, nuestra estrategia debe ser la de la construcción mutua asegurada(6) de una vida feliz y provechosa para todos los humanos, como lo justificaré al final de este artículo. Me parece que estamos fallándole a Albert Einstein, en cuanto a que este brillante constructor del cosmos nos dice que “una persona sabia es la que evita este tipo de guerra”. El camino sabio es el de buscar que tal guerra no se produzca, y no las consecuencias que se producirían si el sistema natural, que llamamos “sistema Tierra”, que no es de nuestra propiedad ni factura, padeciera las consecuencias de este dislate una vez producido.

El camino de la sabiduría
Por lo antedicho, el camino que ahora pienso comenzar a recorrer va mucho más allá de las atribuciones internacionales propias de la Organización de las Naciones Unidas. Estamos tratando de evitar la guerra nuclear pensando a este tema como algo de influencia trasnacional. En este caso no están en juego dos o más ámbitos nacionales como “teatros de operaciones nacionales”, sino todo el sistema Tierra, como ámbito de la vida natural y social de la humanidad. Todas las acciones tendrán una relevancia tal que se pondrá en juego el deber de un comportamiento ético de toda la humanidad frente a su propio fenómeno moral, problematizado al nivel de un “holocausto nuclear” de todas las especies vivas de la Tierra.
En épocas de la creación de la Academia de Platón el átomo era la partícula de materia más pequeña concebible y, como su propia denominación lo avala, era indivisible. La palabra “Cosmos” (κόσμος) incluía a toda la materia del universo y era un “todo ordenado”, que hoy lo llamamos Naturaleza. Platón, a diferencia de los presocráticos, pensaba solo en su pequeña “polis”, que era Atenas, y su gobierno estaba circunscripto bajo el mundo de las Ideas, al que se subordinaba la realidad como una mala copia (δοχά). Todo lo relativo a la “polis” era gobernado por un Kubernétes (κυβερνετςής), nombre que también se usaba para el piloto de una embarcación griega antigua y que también se usa actualmente para el “gobierno” de un buque o embarcación de menor porte, como era el caso de los “trirremes” que poblaban el Mediterráneo(7).
Lo de Aristóteles y su Liceo, que antes fue alumno de la Academia, sirvió para volver a valorar, luego de los presocráticos, la realidad de la Física y de lo que estaba fuera de ella (la metafísica(8)), pero de otra manera, y creó la ética en el seno de la sociedad griega a través de tres obras maestras: la Ética a Nicómaco(9), la Ética Eudemia(10) y la Gran ética(11).
Pasaron los siglos y fueron pocos los avances a tener en cuenta en esta materia, pero sí hubo dos aspectos a tener en cuenta muy importantes: uno es relativo al pensamiento de Renato Descartes en cuanto a su división entre “la cosa extensa”, como nuestro cuerpo, y “la cosa pensada”(12), como nuestro espíritu. Separaba así al hombre en dos partes: una natural, ligada con la materia, y otra propia de los ámbitos religiosos espirituales, depositada por la Edad Media en el ámbito de las creencias religiosas propias de San Agustín y luego de Santo Tomás de Aquino para la Iglesia Católica.
Fue entonces cuando apareció el pensamiento de Baruch de Spinoza con su obra Ética demostrada según el orden geométrico(13), en la que apela a su “conatus”.
Este instrumento del pensamiento filosófico se refiere a una pasión que nos empuja al conocimiento, usando el sentido de nuestra esencia humana integral(13). Se trata de una “perseverancia en el ser”, que en el título de mi artículo “Ser siendo naturales”(14) se manifiesta con el gerundio del verbo ser (“siendo”) y que lo he considerado en su verdadero lugar evolutivo que, para Spinoza y para mí, es la Naturaleza y no un Dios el que no se equivoca cuando nos enfrentamos con el Principio de Indeterminación de Werner Heisenberg, que hace cien años abrió un pozo de dudas lideradas en la polémica desatada entre Albert Einstein y Niels Bohr, o sea, entre lo cósmico y lo atómico nuclear de la física teórica. Es por la afinidad de Bohr por la vida que ahora he adoptado, junto con la mayoría de los físicos teóricos de la llamada “Escuela de Copenhague”, la visión del gran físico danés. No soy un físico graduado en la universidad, pero obedezco a mis intuiciones fundadas que siempre me han interesado de la física teórica y práctica.
Escribí, hace unos años, que “Si dicha pasión se vuelca en la acción, y no en proyectos no realizados (como lo es el de una “Guerra Nuclear”) nos brinda alegría y felicidad. Así, y según él (Spinoza), se pasa a un rango mayor de perfección”(13).
“Dado que el cartesianismo cayó en otra dicotomía ontológica entre cuerpo y alma: Spinoza luchó por una única sustancia dentro de su fe judía, fue excomulgado, maldecido y echado de la comunidad judía (Copleston)(15)”.
“Este gran pensador de la ética consideró que cada cuerpo o cosa material gozaba de un aspecto tal que tenía, además del material, un aspecto mental, un alma, en la que el cuerpo era tan sólo una expresión extrema”.
“Concluyó, entonces, que sólo había una sola sustancia, y no dos, un solo y mismo ser compuesto de cuerpo y alma”.
En el camino de la ética y de la antropología filosófica, que hace años he elegido para mis investigaciones filosóficas, nutridas de muchas y valiosas experiencias vividas durante unos 10 años junto con mis excelentes profesores de la licenciatura en Filosofía, que estuve a punto de lograr en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), fui convocado a la defensa del vicealmirante VGM Juan José Lombardo, Comandante del Teatro de Operaciones del Conflicto por la Soberanía de las Islas Malvinas y otras islas del Atlántico Sur. Fue por un importante tema, relacionado con la información espacial que EE. UU. de Norteamérica podría haber suministrado a Gran Bretaña, nuestro enemigo colonialista a fines del siglo XX. El peso y la responsabilidad patriótica asumida me llevó a la necesidad de tener que abandonar los complejos estudios de Filosofía, cuando mi edad ya se aproximaba a los 60 años, y fui nombrado Asesor Satelital del Estado Mayor General de la Armada con múltiples funciones de nivel nacional y ejecutivo.
A partir del año 2014, ya con ochenta años cumplidos, he podido volver a la filosofía con entera libertad de pensamiento y es eso lo que me permite dar mi último paso para poder influir en las Naciones Unidas ver si es posible evitar que una guerra nuclear se produzca al nivel actual de las armas nucleares, y en base al conocimiento científico y la necesaria reflexión filosófica. Estos últimos son los que, evidentemente, cultivan una sabiduría de la que carecen los decisores políticos de las superpotencias y potencias nucleares. Se trata de tan solo nueve países rebeldes entre casi doscientos pasibles de las consecuencias. Ellos intentan decidir sobre una cuestión tan importante que pone en juego la vida de toda la humanidad y de todos los otros seres vivos que viven con nosotros en el sistema Tierra. Esto excede al poco sentido común que queda en el alma de los hombres y nos enfrenta de lleno con el poder de una Naturaleza que ya viene careciendo de muchas especies, que antes la acompañaban en los difíciles caminos de la vida natural y social.
Tanto ha pesado la ética de este pensador que me ha inducido a nuestro gran poeta la siguiente poesía:
Spinoza

Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales).

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
Mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

Jorge Luis Borges (1983)(16).

Volviendo junto a Spinoza, es actualmente cierto, por el principio de complementariedad de Niels Bohr, que las partículas subnucleares y, en particular, el electrón, tienen la virtud de ser considerados como materiales newtonianos y como ondas electromagnéticas que viajan a la velocidad de la luz, surcando todos los lugares del cosmos. Así pueden ser representados cada cuerpo junto con su alma en el seno de la Naturaleza, según la visión spinoziana de una sola sustancia.
Es esta la sustancia de la que se encuentra compuesto el hombre a lo largo de su vida y como integrante de la Naturaleza. Él no puede ser desalmado mediante el uso de recursos artificiales, como lo es la liberación de la energía nuclear, sea esta de fisión o de fusión, ordenado por simples políticos, enfrentados en un conflicto de intereses propios de su falta de naturaleza intrínseca.
Creo que los proyectos de los nueve líderes de los países nucleares, que no quieren privarse de sus armas atómicas, si las usaran, desalmarían a la especie hombre de su propia alma específica, y lo mismo ocurriría con todas las otras especies vivas y, por ello, nuestra propia vida corporal carecería de sentido, lo mismo en cuanto a la vida que nos anima. Se trata de un acto tan desalmado como deshumanizado; no se trata ya de una guerra, sino de un Holocausto general de todas las formas de vida en la Tierra (único lugar donde la hemos encontrado en el cosmos). Probablemente, esta puede ser la manera con que la ONU nos brinde la paz: un requiem in pace generalizado. Esta es la realidad de una ONU que no logra organizar a los Estados miembros para conseguir un futuro mejor.
No se trata de una desolación, sino de tratar de traer el proceso de fusión nuclear que alimenta al Sol y a las estrellas para arrasar la vida de todas las especies en la Tierra.
Es a partir de aquí que me juego la última carta filosófica para frenar este desatino.

Mi primera y última macroética para el siglo XXI(17)
En estos últimos años de mi vida he escrito dos libros que han tenido un éxito insospechado en el hemisférico norte de este planeta que conserva fuerzas ocultas para suicidarse: el planeta Tierra como sistema. El primero lo he titulado Comprender lo natural(18), basado en mis sospechas de una incomprensión global de una serie de problemas que pueden marcar el fin de nuestra especie en el seno, tanto de nuestro cuerpo como de nuestra alma, en nada menos que de la Naturaleza. El segundo se tituló Macroéticas para el Siglo XXI(17), tratando de desnudar algunas tendencias.
La expresión kantiana de su ética “El cielo estrellado ante mí y la ley moral en mí”(19) nos muestra claramente cómo existe una conexión directa entre su interpretación de la Naturaleza y la ética. Hay una imagen, que está en la portada de este artículo, que siempre me ha impactado por su síntesis concreta y natural. En ella se muestra un bosque donde puede haber árboles aislados que no han comprendido la Naturaleza y se muestran diferentes al sentido común de los árboles que, desde atrás, nos muestran una complementariedad natural y correcta para recibir las verdades con las que los ilustra la necesidad básica de recibir, cada uno lo suyo, de las radiaciones solares.
Dicha imagen nos muestra al frente un árbol con un crecimiento anormal, desordenado, no natural. Al fondo, un sol en el ocaso, que ya ha pasado por el cenit al que apuntan todos los árboles del bosque y han recibido la cuota diaria de radiaciones solares para su fotosíntesis, atrapando el anhídrido carbónico del aire y convirtiéndolo en un oxígeno que alimenta la vida. Esto es lo que permite una ecoética en su acción natural: el crecer juntos y asociados en una complementariedad natural(19), dentro de un sistema bosque y protegidos dentro de un proceso cibernético y virtuoso, que sirve, dentro del mundo vegetal, a todos los otros sistemas vivos. Esto es útil a la especie humana, como un ejemplo de rectitud natural que llamamos, luego de Kant, como ecoético y también ecoestético(20), ante la belleza de los bosques, los prados, las montañas y el mar que inciden también en nuestra apreciación de la belleza natural. En su obra titulada Crítica de la razón práctica(19), expresa textualmente: “(…) tal y como los árboles logran en medio del bosque un bello y recto crecimiento, precisamente porque cada uno intenta privarle al otro del aire y del sol, obligándose mutuamente a buscar ambas cosas por encima de sí, en lugar de crecer atrofiados, torcidos y encorvados como aquellos que extienden caprichosamente sus ramas en libertinaje y apartados de los otros; de modo semejante, toda la cultura y el arte que adornan a la humanidad, así como el más bello orden social, son frutos de la insocialidad”. El bosque de los árboles buenos representa a la humanidad que deseamos tener; una humanidad que funciona dentro del sistema Tierra como un subsistema complementario con todos los otros sistemas ecológicos que soportan la vida, corrigen sus errores de manera cibernética y actúan con complementariedad sistémica entre sí(14). El y los árboles malos que en el mundo son y han sido deben encontrar el rechazo del resto, basados en una macroética que se sustente en un imperativo categórico necesario para encarar la Naturaleza ante el incumplimiento flagrante de las leyes naturales por parte de los nueve países dispuestos a no cumplir con las normas conducentes a evitar un desarme en el campo de las armas nucleares.
Un imperativo categórico es definido por Kant como “un mandato moral universal e incondicional que exige actuar según una máxima (regla de conducta) que se pueda convertir en ley universal, sin depender de los deseos o consecuencias”(19)
El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana y en toda la ética deontológica moderna posterior.
Se lo contrapone al imperativo hipotético, que es condicional y depende de un fin específico. La ética de Kant, basada en este imperativo, se centra en el deber y la intención, y no en los “derechos humanos”, tan mencionados actualmente sin tener en cuenta, de igual modo, el cumplimiento ético de los deberes. Se lo hace considerando que una acción es moralmente correcta si se realiza por deber y no por sus resultados, como lo harán los especialistas convocados para los otros tres grupos del Panel Científico de la ONU (quizás a la filosofía, en vez de un cuarto grupo, se lo deba integrar como un “Panel Filosófico o de Pensamiento”). 
Características principales de un imperativo categórico:
Universalidad:
Las máximas de nuestras acciones deben ser universales, es decir, aplicables a todas las personas y a toda la humanidad en todas las circunstancias. 
Incondicionalidad:
El mandato es absoluto y no está sujeto a ninguna condición, deseo o fin particular. 
Deontología:
La moralidad de una acción reside en su deber, no en sus consecuencias. De aquí su complementariedad con el Panel Científico.
Autonomía:
El ser humano es el único legislador de su propia moralidad, basándose en la razón y no en una autoridad externa. 
La fórmula de la ley universal de la Naturaleza
Lo anterior nos inclina a actuar como si fuéramos miembros de una legislación universal, donde cada ser racional es tanto legislador como súbdito. La única medianamente conocida por el hombre es la de la Naturaleza, a la cual pertenecemos en cuerpo y alma (Spinoza), y es así como Kant lo tuvo en cuenta en el segundo de sus imperativos categóricos: “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza”. 
Es así como el imperativo categórico de Kant, aplicado a la naturaleza, se interpreta a través de una de sus formulaciones: la de la ley universal de la Naturaleza. Kant no desarrolla directamente una ética ambiental en sus textos, pero su marco filosófico se ha utilizado para debatir las obligaciones morales de la humanidad respecto al entorno natural. Pero pienso que es muy válida su aplicación como una ley principal uso de la Naturaleza en cuanto a su consideración oportuna durante el siglo XXI(19) para que las próximas generaciones que nos sucedan puedan vivir sin las amenazas terroríficas de estos nueve países nucleares disidentes. Ellos nos vienen amenazando, casi diariamente, con iniciar una guerra nuclear. Todos los miembros de la humanidad viva tenemos el derecho de evitar los males que el Panel Científico seguramente nos detallará.
Nuestro pensamiento de una especie de “filosofía de la ciencia actual” nos debe poder librar de todo ello antes de que se produzca, a través de la inclusión de un Panel Filosófico o, al menos, de un “Cuarto Grupo”, para salvarnos de tamaña aberración humana. Si así no fuera, mereceríamos desaparecer como especie natural y, si renaciéramos desde el fondo de los mares, sería de nuestra responsabilidad por haber hecho desaparecer la vida, en su sentido más general de lo terrestre, y si cumpliéramos el mandato natural, probablemente seamos perdonados por Dios y la Naturaleza.
Diferentes compromisos con la paz nuclear
Por ahora, la responsabilidad de una guerra, como la que pensamos evitar, recae principalmente en los 9 países mencionados. Respecto al resto de los países que integran la comunidad de la Organización de las Naciones Unidas, cabe destacar que Argentina y Brasil han sido capaces de generar armamento nuclear (tanto de bombas atómicas como submarinos de propulsión nuclear), pero, presionados por los países ya dispuestos a usarlas, firmamos todos los tratados de orientación pacífica. En el caso particular de la República Argentina, no hay que olvidar que durante los combates de la guerra de Malvinas(21) y otras islas del Atlántico Sur, el submarino HMS Conqueror, por orden de Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido de Gran Bretaña, hundió, sin capacidad de defenderse, al crucero ARA General Belgrano, del que fui miembro de su Plana Mayor en el año 1971. Murieron 323 de sus 1.093 tripulantes. El buque era un viejo crucero de la Segunda Guerra Mundial y este constituyó el segundo crimen de guerra de uno de los países ahora destacados entre los nueve disidentes y conservadores de una espacie de “coloniaje nuclear y espacial”, en el que Gran Bretaña se ha sumado tanto al coloniaje de vieja data como a este novedoso, ambos ejercidos con la misma crueldad.
Otro posible enfoque filosófico (mucho más lento)
Con este tema doy un final, posiblemente feliz, a mi intervención en esto.
Se trata de dar curso a la antropología filosófica, creada por Max Scheller (1874-1928). Él nos donó un enfoque cultural de estas cuestiones.
Todas las disposiciones naturales de una criatura están destinadas a desarrollarse alguna vez de manera completa y adecuada; a esto aportan las revoluciones culturales de la humanidad, que en el mundo han sido y son las que en el futuro pueden depararnos un nuevo encuentro con la Naturaleza que hemos abandonado como si fuéramos animales.
En los hombres (como únicas criaturas racionales sobre la tierra) aquellas disposiciones naturales que apuntan al uso de su razón se deben desarrollar completamente en la especie y no en los individuos para obtener el resultado global deseado para las macroéticas.
El medio del que se sirve la Naturaleza para lograr el desarrollo de todas sus disposiciones es, como vimos con el ejemplo del bosque desarrollado anteriormente, “el antagonismo de las mismas vale en la sociedad, en la medida en que ese antagonismo se convierte, a la postre, en la causa de un orden legal de aquellas. Entiendo en este caso por antagonismo, la insociable sociabilidad de los hombres, es decir, su inclinación a formar una sociedad que, sin embargo, va unida a una resistencia constante que amenaza perpetuamente con disolverla […]”(17). El antagonismo, la enemistad y el belicismo son parte de un pensamiento político-social digital que nos lleva a la guerra. Los opuestos del Heráclito inducen al diálogo y la democracia.
“El hombre tiene una inclinación a entrar en sociedad; pero también tiene una gran tendencia a aislarse”(17).
El problema mayor del género humano, a cuya solución le constriñe la Naturaleza, consiste en llegar, concebir y formalizar una sociedad civil que administre el derecho en general. Solo en sociedad se puede lograr el empeño que la Naturaleza tiene puesto en la humanidad, a saber: el desarrollo de todas sus disposiciones y que el hombre mismo sea quien procure el logro de este fin suyo, como el de todos los fines de su destino, creando así una sociedad que compagine la máxima libertad, es decir, el antagonismo absoluto de sus miembros, con la más exacta determinación y seguridad de sus límites. Por esta razón, una sociedad que une la máxima libertad bajo leyes exteriores cuenta con un poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa. Así constituye la tarea suprema que la Naturaleza ha asignado a la especie humana.
Toda la cultura, todo el arte, los ornatos del hombre, y el más bello orden social, son frutos de la insociabilidad. Se puede considerar la historia de la especie humana en conjunto como la ejecución de un plan secreto de la Naturaleza para la realización de una constitución estatal interiormente perfecta y, con este fin, también exteriormente, como el único estado en que aquella puede desenvolver plenamente todas las disposiciones de la humanidad.
“Después de muchas revoluciones transformadoras, será a la postre la realidad ese fin supremo de la Naturaleza, un estado de ciudadanía mundial o cosmopolita, seno donde pueden desarrollarse todas las disposiciones primitivas de la especie humana”(17) con la mediación de una “Constitución de la Tierra”(22), que respete su condición como Sistema.
Mis experiencias universitarias maduras en filosofía
Finalizando mis estudios para ser licenciado en Filosofía de la UBA, me reencontré con el doctor en Filosofía Ricardo Guillermo Maliandi, que era también licenciado en Veterinaria, y que había sido mi profesor de la materia Ética. Se trataba de encarar la materia Antropología Filosófica, pensada como una de las materias de Ciclo Final, tanto de la carrera de Filosofía como de la de Antropología, dictadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
Al finalizar el curso, propuso que los alumnos formáramos grupos, tanto de aprendices de filósofos como de antropólogos, para formular propuestas propias de desarrollo para la cátedra. Yo pensaba que la humanidad, durante la modernidad antropocéntrica, constituía una verdadera Tercera Revolución Cultural de la Humanidad, a sumar a las dos previas señaladas por el profesor en su libro(24). Logré interesar a dos compañeros de Filosofía y a tres de Antropología para elaborar una propuesta, y ella forma parte del Capítulo 5 de mi libro Algunas variables ocultas. Tan ocultas como importantes(4), editado por la editorial Instituto de Publicaciones Navales (IPN), como último libro de este autor. Es en ese mismo donde trato de participar en la elucidación de lo nuclear junto con lo cósmico, no lograda hace casi un siglo entre Albert Einstein y Niels Bohr, a lo que dediqué mi libro La complementariedad Sistémica en acción. Un siglo de incertezas(14), editado por el IPN, como me obsequio al cumplir 90 años de vida (30 de julio de 2024).
Dentro de esa modernidad es que se ha desarrollado la problemática de dominio nuclear planteada en este artículo. Hemos querido dominar a la Naturaleza por partes: 1) Descubrir, conquistar y colonizar las tierras; 2) Hacer lo mismo con los mares y los hielos; 3) Los aires de la atmósfera y 4) Los espacios ultraterrestres, o sea, nada menos que la Naturaleza, y a partir desde este pequeñísimo “punto azul pálido”, redescubierto como tal por el genio de Carl Sagan(25). Así no resulta raro que nos consideremos como “hijos de los dioses”. Nuestra sed de conquista no tiene límites, y estos nueve países (China, Rusia, Estados Unidos de Norteamérica, Francia, Reino Unido de Gran Bretaña, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) no son la excepción, capaces de matar la vida para dominarla con sus armas atómicas.
La aplicación de una filosofía práctica, como lo es la estrategia, y como último recurso
En épocas de la Guerra Fría entre EE. UU. de Norteamérica, cuando se hablaba de una “Guerra de las Galaxias”, muy parecida a la guerra nuclear, ahora revivida, se hablaba de una “Estrategia de la Destrucción Mutua Asegurada” (DMA) entre ambas superpotencias y este pienso que fue uno de los factores predominantes para terminar con ella antes de empezar. Siguió una época de una oscilante paz, en la que los cultores de tales ideas han pasado de ser dos al número aterrador de nueve y con más inesperados candidatos apresados ante los tratados de “No proliferación”. Así ha sido el caso de Argentina, Brasil y el indeseable Irán de los Ayatolas.
Por ese tiempo pensé y escribí(26) sobre la posibilidad de desarrollar y ejecutar una estrategia opuesta. La denominé “Estrategia de la Construcción Mutua Asegurada”: como la guerra no se produjo, nadie pensó en nada constructivo al respecto; es más tentador para el hombre pensar en lo destructivo que en lo pacífico y seguimos, luego de varias décadas, con una notable desunión, pese a los sanos intereses de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que, de hecho, no lo están: políticamente, gozan de lo internacional mientras nos hundimos en los desatinos de lo que debiera ser considerado, a través de una “Constitución de la Tierra”, de carácter transnacional(22), idea que no parece tener muchos seguidores, pese a que es cada vez más importante llevarla a cabo.
Una pequeña incursión por los fructíferos campos de esta iniciativa podría ser condensada de la siguiente manera:
Los ingenieros nucleares se abocarían al desarrollo pacífico de “Centrales Nucleares de Fusión” para la generación de energía eléctrica, más controlable, barata, poderosa y no contaminante(20), en vez de pensar en bombas de hidrógeno para matar la vida en la Tierra. Ellos pueden hacerlo y la Humanidad aplaudirlo;
El terror impuesto por la posibilidad de una guerra nuclear en toda la humanidad se diluiría ni bien los nueve países amenazantes eliminaran sus arsenales de armas atómicas, mejorando su felicidad y calidad de vida;
El enorme costo de los arsenales nucleares en cuanto a su investigación, creación de nuevas armas, mantenimiento y operación, que pesa en los impuestos de los pobladores de los nueve países, podrían ser reducidos y empleados, con gran ventaja, en todos los usos pacíficos de la energía nuclear controlada;
La humanidad pasaría a constituir el ejemplo de la “espacie hombre”, la cual, actuando complementariamente con todas las otras especies vivas no humanas, pasaría a ser una de las especies vivas de la Naturaleza que aporta a una biodiversidad sana y completa, junto con un medio ambiente naturalmente funcional a la vida;
Se termina la dialéctica: misil intercontinental con cabezas nucleares versus lanzadores espaciales de satélites artificiales (caso Cóndor II en Argentina) por la cual se negó el acceso de países libres al espacio ultraterrestre, a través de lanzadores de satélites desde bases espaciales propias. Esto evita la no-proliferación misilística y libera a muchos países para poner en el espacio ultraterrestre satélites artificiales para uso pacífico bajo el registro y control de una Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que debe ser igualitario para todos, especialmente en cuanto a su uso militar, ecétera;
Los etcéteras son muchos más y no quiero aburrir a mis esforzados lectores.
Me quedo sin más palabras para plantear mi desazón y temor por las vidas de mis descendientes. Que sea lo que sea y que Dios los perdone por querer suplantarlo; el drama de Hamlet, del genial Shakespeare, se repite. Pero no su “ser o no ser, esa es la cuestión”. Lo digital no es algo natural y allí no se me encontrará, pues la Era Digital me es totalmente ajena, pese a que Nicholas Negroponte me diga que no existo y que sea yo mismo el que debo usar una computadora digital para elaborar este ensayo, porque no hay otra.

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Capitán de Navío (R) Néstor A. Domínguez

El Capitán de Navío (R) Néstor Antonio Domínguez egresó de la ENM en 1956 (promoción 83) y pasó a retiro voluntario en 1983.
Estudió Ingeniería Electromecánica (orientación Electrónica) en la Facultad de Ingeniería de la UBA y posee el título de Ingeniero de la Armada.
Es estudiante avanzado de la carrera de Filosofía de dicha Universidad.
Fue asesor del Estado Mayor General de la Armada en materia satelital; consejero especial en Ciencia y Tecnología y coordinador académico en cursos de capacitación universitaria en Intereses Marítimos y Derecho del Mar y Marítimo del Centro de Estudios Estratégicos de la Armada; y profesor, investigador y tutor de proyectos de investigación en la maestría en Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional.
Es académico fundador y expresidente de la Academia del Mar y miembro del Grupo de Estudios de Sistemas Integrados como asesor. Es miembro y académico de número del Instituto Nacional Browniano desde el año 2015.
Ha sido miembro de las comisiones para la redacción de los pliegos y la adjudicación para el concurso internacional por el Sistema Satelital Nacional de Telecomunicaciones por Satélite Nahuel, y para la redacción inicial del Plan Espacial Nacional.
Es autor de dos libros dedicados al conocimiento de los satélites artificiales y de otros libros, titulados: Hacia un pensamiento ecológicamente sustentable, Un enfoque sistémico de la Defensa (en tres tomos), Una imagen espacio-política del mundo y El arte de comprender la narturaleza, entre otros, además de numerosos ensayos sobre temas del mar, electrónica, espacio ultraterrestre, ecología y filosofía, publicados en revistas del país y del extranjero.

REFERENCIAS

(*) Nota del autor: Todas estas frases estuvieron ligadas a las explosiones de bombas de fisión nuclear que destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, a finales de la Segunda Guerra Mundial, por orden del presidente de los EE. UU. de Norteamérica, Harry S. Truman, y al piloto del avión Enola Gay, coronel Paul Tibbets Jr, quien murió de viejo, lo mismo que Truman, y ambos parecieron no tener culpa de tamaña masacre de gente de toda condición, edad y sexo. Ahora las bombas de fusión del hidrógeno causarían un daño mucho mayor. Por ahora, y no como antes, los filósofos no serán consultados si no se observa esta equivocación de las Naciones Unidas de no consultar a los sabios, como lo recomendó Albert Einstein con su segunda recomendación del epígrafe.
(1) GONZÁLEZ, A. J. (2025). “Informe de Progreso sobre la labor del panel científico sobre los efectos de la Guerra Nuclear” (de aquí en adelante denominado el Panel, Buenos Aires, Argentina, fue presentado a la consideración de la Academia del Mar Argentina en octubre de 2025.
(2) ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS (ONU) (2025). Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Tratado para la Prohibición de las Armas Nucleares, Washington, EE.UU. de Norteamérica, Internet.
(3) DOMÍNGUEZ, Néstor Antonio (2021). Macroéticas para el Siglo XXI. Madrid, España, Editorial Académica Española (Traducido por Omni Scriptum de Alemania a 8 idiomas).
(4) DOMÍGUEZ, N. A. (2025). Algunas Variables Ocultas. Tan ocultas como importantes, Buenos Aires, Argentina. Edición del Instituto de Publicaciones Navales.
(5) GONZÁLEZ, A. Julio (2025). “Informe de Progreso sobre la labor del Panel Científico sobre los efectos de la Guerra Nuclear creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas”. Buenos Aires, Argentina, Editora Academia del Mar.
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